martes, 20 de diciembre de 2011

YOU CAN.


Puedo hablar, te cuento todo y me crees, lo logras aceptar.
Tan largas miradas, tan largos besos que perduraran sin cesar y tan larga historia por contar, hacen que esta noche no tenga final. Intento despejar las penas de mi mente, recuerdo esas estrellas que tu imagen me hacían dilucidar, y ahora, elevo la vista al cielo y allí están, multiplicadas en cientos, eso me da luz, limpia mis pensamientos y ahora recuerdo los dulces momentos que vivimos y que como espero viviremos…tu pareces reaccionar, pero nada en mi favor, yo tanto me puse a pensar, y tantas cosas dulces volví a imaginar, que no volví a intentar hablar, ahora lo hago, ahora intento, pero no puedo, porque me ganan las ganas de volver a estar contigo pero noto que de cada vez me vuelvo más devil al ver que te pierdo, al ver que lo mejor de mi vida se aleja y se va por un simple comentario. Mucho no me queda por decir, estoy feliz, estoy junto a quien quiero estar, estoy junto a quien resucitó un alma perdida, un alma sumergida y hundida en un mar de extrema profundidad, ese alma era la mía.Igual, nada de esto me va a importar, ahora que se que has vuelto estoy decidido a mi mirada en la tuya fijar, intentándote conquistar, no tengo miedo, sé que no me vas a rechazar, porque lo demás no importa, lo externo no vale nada, no tiene peso si lo interno está a punto de estallar. Solo te pido una nueva oportunidad, una nueva chance, yo solo quiero vivir junto a ti, escribirte, abrazarte, besarte sin cesar, cada noche a tu lado descansar y amanecer contigo, a tu lado, por toda la eternidad. No dejo de imaginar esa vida juntos, esa vida de ensueño, que aunque en este momento se torne surrealista por el presente que yo siento y ese pasado que todavía sigue latiendo, espero con ansias y un corazón bien abierto Ya es casi un nuevo dia, exactamente las 23:47, en pocos minutos pasaré de este día que parecía encaminarme a la muerte a una vida iluminada por tu sonrisa y ahora solo te digo que tenemos una vida por delante, un amor que es entrega total, entrega en cuerpo, mente, alma, esfuerzo, perdón y sacrificio, un amor eterno, un amor, sin final…


IMAGINE.
"Imagina que no hubiera países, no es algo tan difícil;
que no hubiera nada por lo que matar o morir,
que tampoco hubiera religiones,
imagina que todo el mundo viviera en paz.
Puedes pensar que soy un soñador,
pero no soy el único.
Ojalá un día tú también puedas unirte
y que todo el mundo sea una sola persona.
Imagina que no hubiera posesiones, me pregunto si puedes;
que no existiera ni la codicia ni el hambre, sólo hermandad
entre los hombres.
Imagínanos a todos compartiendo el mundo".





AHORA YA ES TARDE, PERO TIENES UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD.. baby.

Cuando ya llega el momento, cuando ya te sientes triste sin saber que decir, esperas con ansia el momento de demostrar a todos que tú también puedes, aunque a ti te cueste más,que te pasaras las 24h del día encima de un libro, pero.. ¿el que algo quiere algo le cuesta no? lucharé por aquellas cosas que pormetí a una persona MUY importante para mi, aunque ya no esté entre nosotros , para mi permanece igual de presente que cuando aun respiraba, puede que aun no tenga la motivación que tenia hace siete meses ocho...pero nunca tires la toalla, debes luchar por lo que quieres para tu futuro o para tu vida, las madres tratan de recordárnoslo siempre que pueden, por mucho que las ignoremos, tienen razón, pero con los años nos vamos dando cuenta... de todo lo que podíamos haber hecho y que no hicimos, pero.. aun hay tiempo para espabilarse para que no pierdas nada de lo que aún esta por llegar, escoge siempre el camino que mas te favorezca, por duro que sea.
La vida tambien esta para equivocarse , para cometer locuras, para reirse de ella, 
por que así sabrás que los trenes que pasan pasan solo una vez, y que de los errores se aprende. NUNCA TE DES POR VENCIDA.

 AQUÍ DEJO UN RELATO QUE ESCRIBÍ CON EL CUAL GANÉ UN PREMIO. 

RECUERDA. María Ruiz del Reguero. 
(Categoría B)
Ahora, cuando recuerdo los lejanos días de mi infancia, todo me parece un caos de oscuridad y aturdimiento, sin embargo, existen algunos recuerdos ocultos bajo mi mente y que a veces aparecen tan claros a mi vista como los objetos que tengo delante, resistiéndose al barrido inevitable de la memoria.
Me crié en un lugar solitario y apartado, y desde siempre te recuerdo a mi lado. Nuestra casa era sombría, enorme, y nunca la exploramos por completo, los húmedos corredores, lugares apartados y gélidos como tumbas. Éstos parecían ser tus favoritos, y recuerdo cómo a veces me arrastrabas a ellos a pesar de mi resistencia. Tu siempre decías que allí estaban las cosas más interesantes, pero yo no lograba entender qué interés podían tener aquellas habitaciones apartadas y desiertas. Ahora sé que el único interés era el tuyo: tu afán por verme sufrir. Por toda la casa resonaban mis sollozos, pero no conseguía librarme de tus manos. Eras mayor que yo, más alto y más fuerte, y tal vez era por eso que, a pesar de todo, mis ojos te miraban con admiración, la del débil ante el poderoso, el vencido ante el vencedor. Te consideraba una especie de héroe, y te seguía a todas partes como un perro fiel, a través de nuestro pequeño universo de oscuridad y misterio.
No solíamos salir fuera, y cuando lo hacíamos, todo lo que podíamos contemplar eran los gigantescos árboles que rodeaban la casa. El bosque se extendía más allá de lo que ninguno de los dos sabíamos, y el tupido ramaje impedía que viésemos el cielo. Por eso, varias veces al día, solíamos ascender hasta el lugar más elevado de la casa, golpeando con los pies, ruidosamente, contra la madera de la escalera de caracol, con el consuelo de que al llegar arriba, todo cobraría un hermoso aspecto de claridad que deslumbraría nuestros ojos, acostumbrados a moverse casi en penumbra.
El lugar constituía una especie de buhardilla, espaciosa, de forma circular, cubierta por una vasta cúpula que era mi admiración. En los muros que la sostenían, y a lo largo de toda su circunferencia, había unas ventanitas, de vidrios de colores, de manera que la luz dibujaba en el suelo multitud de formas curiosas y plasmaba en la madera vacilantes imágenes multicolores.
A veces pasábamos horas y horas embelesados, con las miradas fijas enlos maravillosos tonos, tan extraños para nosotros. Por fortuna, uno de los vidrios estaba roto, quizá por la acción de la lluvia o el viento, y a través de él nuestros ojos conocían el color del cielo y el brillo de las estrellas. Tú decías que aquél lugar te pertenecía, ¿recuerdas? Tuyos eran los colores que parpadeaban en el suelo, tuyo aquél minúsculo pedazo de cielo, aquellos despojos de estrellas. Y recuerdo muy bien cuando subías las escaleras a un ritmo agotador, y yo me iba quedando atrás, hasta que te perdía de vista, y, al poco, escuchaba el crujir de una puerta y el ruido de un cerrojo. Al llegar arriba, yo golpeaba desesperado la puerta, y lloraba suplicándote que me dejases entrar. Tú, dentro, reías ante mi impotencia y gritabas que sólo entraría cuando tú lo deseases. Yo continuaba llorando durante un tiempo indefinido hasta que, agotado, bajaba las escaleras y corría a refugiarme en aquellos enormes y polvorientos libros que me obligaban a estudiar. Cuando me cansaba, observaba las formas siniestras de los animales disecados que me observaban desde sus altas posiciones Recuerda que, cuando me permitías acceder a tu fantástico refugio, solías señalar hacia el vidrio roto, y me hablabas de tus planes futuros, según los cuales, algún día te escaparías por aquel agujero abierto a la libertad, y me dejarías solo. Asegurabas que eras más alto y más fuerte y que pronto tendrías la altura necesaria para acceder hasta el hueco, mientras que yo aún necesitaría unos cuantos años para crecer lo suficiente.
Parece extraño ahora, pero por entonces la sola idea de que huyeses y me abandonases era un tormento. Muchas veces, cuando dormíamos, me despertaba sobresaltado y me giraba ansioso para mirar hacia tu cama y asegurarme de que aún estabas allí. Eran noches angustiosas en las que el menor ruido me agitaba y hacía que sudase de terror. Y te odiaba más por ello, porque a pesar de que disfrutabas haciéndome sufrir, no soportaba la idea de que me abandonases.
Así, mis días de infancia transcurrían entre fríos corredores, antiguos libros de geografía (una geografía que me resultaba desconocida, con nombres que jamás había oído y países extraños). Y tú. No pasaba un solo día en que no aprovechases la ocasión de hacerme sufrir. Y recuerdo, entre tanta monotonía, un día lejano que surge como un iceberg entre la niebla.
Recuerda que aquella tarde brumosa en que los juncos bailaban azotados por el viento, ascendimos una vez más hasta nuestro pequeño santuario. Ráfagas de aire helado entraban por el vidrio roto, y la visión de la estancia sin su habitual explosión de colores me entristeció. Tú te
paseabas de un lado a otro. De pronto te acercaste a mí y, poniendo tu mano sobre mi débil hombro, acercaste tu cara a la mía y dijiste que había llegado el momento de irte, que ibas a partir y abandonarme para siempre. Dijiste que yo me quedaría allí y que la cúpula sería mi tumba. No reaccioné hasta que el ruido de la puerta me sobresaltó. Tu risa resonaba afuera, reías sin parar, y yo, encerrado en tu reino, me ahogaba en un mar de lágrimas. Permanecí allí, solo, durante muchas horas, y sólo tu risa llenaba mi mente. Y supe que , mientras tu corazón latiese, aquel sonido continuaría taladrando mis oídos.
Cuando al amanecer por fin se abrió la puerta de mi prisión, recuerdo que bajé las escaleras muy despacio y comprobé que, agazapada en la escalera, tu risa seguía sonando. Estabas en la biblioteca, sentado en mi silla, y aquello me enfureció aún más. No debiste haberme encerrado. Me acerqué en silencio, pero me presentiste al instante. Te volviste hacia mí y en tu mirada había crueldad y desprecio. Acaricié con la mano uno de los candelabros que reposaban en la chimenea, y el frío contacto del metal me impresionó. Te levantaste dándome la espalda, y lentamente me apoderé del pesado candelabro, golpeándote en el hombro. Te quedaste allí, sin comprender nada, lanzando un grito de sorpresa y dolor, y te tambaleaste hacia delante. El segundo golpe te alcanzó de lleno. Caíste al suelo, Yo no podía apartar la mirada de tu cuerpo. Ahora, al fin, había cesado tu risa. En el suelo, boca abajo, con el rostro hundido en la alfombra, tu piel tenía el color del mármol. Tus ojos quedaron ocultos y abiertos a la oscuridad de la muerte, y tu boca, entreabierta, parecía expresar un último, amargo pensamiento. Estabas ridículo, y yo sonreía. Recuerda.



1 comentario:

  1. muy cierto, me encanto. me gustaria mucho que me sigas en mi blog asi no perdemos el contacto : michelle-fernandez.blogspot.com suerte ♥

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